Cocido madrileño como BIC: la nueva declaración de patrimonio inmaterial
El cocido madrileño como BIC ha sido declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Patrimonio Inmaterial por la Comunidad de Madrid, con el objetivo de preservar su legado, difundir sus rasgos tradicionales y reconocer su relevancia cultural y social en la región.
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Qué supone la declaración del cocido madrileño como BIC
La declaración BIC busca proteger y ayudar a transmitir el cocido madrileño como parte del patrimonio inmaterial de la Comunidad de Madrid. Así, el reconocimiento se orienta a mantener viva una práctica culinaria que, según el Gobierno regional, forma parte de la vida cotidiana de los madrileños.
Además, el Ejecutivo autonómico sitúa el cocido como un elemento presente en hogares, celebraciones familiares y restaurantes de toda la región. En ese sentido, lo define como una tradición compartida que ha crecido con el paso del tiempo.
“Ha evolucionado desde una receta menospreciada por determinadas élites hasta ocupar un lugar destacado tanto en el ámbito doméstico como en la alta restauración madrileña”
— Miguel Ángel García Martín, portavoz del Ejecutivo autonómico
Un plato con técnica propia: ingredientes y servicio en vuelcos
El cocido madrileño se elabora con garbanzos, carnes, embutidos y verduras. Para ello, se cocina lentamente en agua, una técnica que se considera parte central de su identidad.
Otro rasgo distintivo es la forma de servirlo en vuelcos. Es decir, los alimentos se presentan por separado y se siguen un orden tradicional al comer.
Según el Gobierno regional, ese modo de degustación también funciona como un ritual social. Por eso, lo vincula a una expresión cultural transmitida de generación en generación.
Variantes locales en municipios de la Comunidad de Madrid
El cocido madrileño cuenta con una implantación amplia en los municipios de la región. Aun así, presenta variantes locales con nombres asociados a su lugar de origen.
Entre las más conocidas figuran el cocido pradeño, de Villa del Prado; el corucho, de Cenicientos; y la olla del segador, de Navalcarnero. En conjunto, estos ejemplos muestran cómo la receta se adapta a productos y costumbres de cada zona sin perder su base.
Orígenes y consolidación histórica del cocido madrileño
Los orígenes exactos no están claramente definidos. Sin embargo, la denominación “cocido madrileño” aparece documentada a lo largo del siglo XIX.
A la vez, desde el siglo XVI se conoce la llamada olla podrida, que muchos historiadores y gastrónomos consideran su antecedente. Finalmente, entre mediados del siglo XIX y comienzos del XX se fija una elaboración concreta asociada al territorio madrileño.
Con la declaración como BIC, la Comunidad de Madrid enmarca el cocido madrileño como parte esencial de su patrimonio inmaterial. De este modo, pretende reforzar su protección y su transmisión a futuras generaciones.
