Biblioteca de Montecarmelo: así es la Carmen Martín Gaite

Biblioteca de Montecarmelo: así es la Carmen Martín Gaite

Biblioteca de Montecarmelo. Tres palabras que el barrio llevaba años pronunciando como quien pide un vaso de agua en agosto. Hoy, por fin, ese deseo tiene edificio (y sí: tiene tejado “de casita”, porque el proyecto ganador se llamaba Como en casa). La biblioteca municipal que llevará el nombre de Carmen Martín Gaite está terminada de obra y entra en su fase decisiva: equiparse y abrir puertas en 2026.

Biblioteca de Montecarmelo: qué es exactamente y dónde está

Cuando se habla de la biblioteca de Montecarmelo, conviene precisar: no es “solo” una biblioteca al estilo clásico, sino un centro cultural con biblioteca. Esto importa, porque condiciona cómo se reparte el edificio y cómo se gestionan los usos (lectura y estudio, sí, pero también actividades, aulas y programación cultural).

El equipamiento se ubica en el entorno de la avenida del Monasterio de Silos (número 57), en el distrito de Fuencarral-El Pardo, y el acceso principal se relaciona con el frente de Monasterio de El Escorial (la parcela ha tenido ajustes por la coexistencia con otros equipamientos). Si estás mirando comprar vivienda en Montecarmelo o alquilar piso en Montecarmelo, este tipo de dotaciones pesan más de lo que parece: son las que convierten un barrio “nuevo” en un barrio completo.

De concurso a obra: cronología de una espera (2018–2026)

Esta historia tiene una moraleja urbana: construir ciudad lleva tiempo… pero también necesita constancia política y administrativa para no quedarse en render.

  • 2018. Se convoca el concurso con jurado para tres bibliotecas municipales (Las Tablas, Montecarmelo y Villaverde). Se lanza con la maquinaria “COAM + Ayuntamiento”, un formato que suele atraer propuestas potentes porque mezcla prestigio profesional y encargo real.
  • 2019. Gana en Montecarmelo el proyecto COMO EN CASA, con Raúl García Cuevas al frente y un equipo amplio de colaboradores. La idea que queda clavada en la memoria colectiva es clara: una biblioteca que se sienta doméstica, cercana, reconocible.
  • 2020–2021. Se redacta el proyecto, se ajusta el programa y se prepara la licitación. Aquí se pierde mucho tiempo sin que el barrio vea nada en la calle, pero es la fase donde se decide casi todo: presupuesto, soluciones constructivas, instalaciones, eficiencia energética, etc.
  • 2022–2025. Construcción. El edificio avanza (lento, a ratos), y la conversación pública se enciende: ¿por qué tarda tanto? ¿por qué “centro cultural con biblioteca” en lugar de biblioteca a secas?
  • Finales de 2025. Las obras se dan por finalizadas. Y esto es importante: “obra terminada” no es “edificio abierto”. Falta equipamiento, dotación de mobiliario, colección, tecnología, personal y puesta a punto operativa.
  • 2026. Año previsto para la apertura e inauguración ya con el nombre de Carmen Martín Gaite.

“Como en casa”: la idea arquitectónica detrás del edificio

El lema Como en casa no es marketing: es un programa espacial. En una biblioteca, lo más difícil no es meter libros; es hacer que la gente quiera quedarse. Y quedarse, en Madrid, significa pelear contra tres enemigos: ruido, prisa y calor/frío.

La solución apuesta por un edificio compuesto por volúmenes que se interrelacionan, creando espacios continuos y fáciles de entender. Traducido al idioma de los humanos: no es un “cajón” indiferente, sino un conjunto que se recorre con naturalidad, con zonas que se reconocen sin tener que consultar un plano como si fuese un aeropuerto.

Hay también una idea muy madrileña (y muy de barrio nuevo): abrir el interior hacia fuera. La biblioteca no quiere ser un búnker silencioso, sino un lugar donde el borde entre calle y cultura sea amable. Eso se nota en cómo se cuida la luz natural y en esa obsesión contemporánea por la “continuidad interior-exterior” (que, cuando funciona, hace magia: el edificio parece más grande y más ligero de lo que dicen sus metros).

Datos clave del edificio (para entender su escala real)

Antes de bajar planta a planta, conviene fijar magnitudes:

  • Superficie construida: 2.266 m².
  • Número de plantas: 3 (una bajo rasante).
  • Inversión municipal: en el entorno de 5,7 millones de euros (en la práctica, incluye obra y todo el paquete de ejecución hasta dejarlo listo para funcionar).
  • Uso: centro cultural con biblioteca, diseñado para lectura, estudio y programación cultural.

Este edificio no pretende competir con grandes bibliotecas icónicas. Su misión es otra: ser la biblioteca cotidiana del barrio, la que usas un martes cualquiera. Y eso, si se hace bien, es mucho más valioso.

Biblioteca de Montecarmelo por dentro: planta a planta

Aquí viene lo jugoso. La organización interna es una declaración de intenciones: separar usos por niveles de ruido, reducir espacios residuales y permitir que algunas zonas funcionen de forma independiente cuando haga falta.

Planta sótano

La parte menos sexy… y por eso mismo crucial para que el edificio funcione sin dramas.

  • Garaje
  • Salas de instalaciones
  • Cuarto de limpieza
  • Almacén

Es la “sala de máquinas” que evita que el centro cultural se convierta en un festival de carritos por los pasillos y puertas cerradas con un papel que dice “averiado”.

Planta baja

Es la planta del “hola, vengo a vivir aquí un rato”. Mezcla acceso, lectura y primera capa de actividades.

  • Acceso y consigna
  • Vestíbulo principal
  • Sala de lectura
  • Fondo de libros y audiovisuales
  • Sala de grupos
  • Salas auxiliares
  • Reprografía
  • Zona de lectura (sí, aparece más de una, porque se fragmenta por ambientes)
  • Hemeroteca
  • Aseos
  • Zona de descanso
  • Zona infantil y bebeteca
  • Sala polivalente

Si este nivel está bien gestionado, puede convertirse en el corazón social del equipamiento: familias, estudiantes, vecinos que entran “a por un libro” y salen con media tarde arreglada.

Planta primera

Aquí sube el tono: más especialización, más juventud, más “me quedo a estudiar y no me habléis”.

  • Vestíbulo
  • Zona de lectura
  • Comicteca
  • Sala juvenil
  • Sala de informática
  • Comedor con cocina
  • Aseos
  • Despachos
  • Sala de descanso
  • Aula polivalente

La presencia de comicteca y sala juvenil es una pista muy clara: esta biblioteca quiere capturar a la gente antes de que el algoritmo lo haga. Y eso, en 2026, es casi un acto de resistencia cultural.

Accesibilidad y eficiencia: el edificio como infraestructura cívica

En el discurso oficial se repiten tres ideas: accesibilidad universal, eficiencia energética y buena luz natural. A veces estas frases suenan a plantilla, pero aquí tienen sentido porque el programa lo exige:

  • Accesibilidad universal no es solo “rampa”: es que el edificio sea legible, cómodo y utilizable para distintos cuerpos y distintas edades.
  • Eficiencia energética: un edificio público de este tamaño ya no se entiende sin obsesión por consumo y climatización. En bibliotecas, además, el confort térmico no es un lujo: es una condición de uso.
  • Luz natural: leer con luz mala es una derrota moral. Y estudiar con fluorescentes agresivos debería estar penado por el Código Penal (artículo inventado, pero ganas no faltan).

La polémica: “biblioteca” o “centro cultural con biblioteca”

Una parte de la oposición municipal y del debate vecinal ha insistido en una idea: que los barrios pedían bibliotecas “de verdad” y que el modelo de “centro cultural con biblioteca” diluye la función bibliotecaria.

El matiz importa. Una biblioteca centrada en lectura/estudio suele ordenar el edificio desde el silencio. Un centro cultural, en cambio, ordena desde la actividad. La pregunta correcta no es cuál es “mejor”, sino: ¿cómo se gestiona para que no se estorben?

La buena noticia es que la propia organización interna (por niveles de ruido, posibilidad de funcionamiento independiente) parece pensada para que convivan. La mala noticia es que, si la programación se diseña sin cariño, cualquier edificio acaba sonando a gimnasio de crossfit (y eso en una biblioteca sería un crimen contra la civilización).

Carmen Martín Gaite: por qué este nombre encaja

Poner nombres a bibliotecas puede ser postureo o puede ser una brújula. Carmen Martín Gaite no es un nombre neutral: es una autora profundamente madrileña, observadora de lo cotidiano, especialista en mirar lo que pasa “entre visillos”, justo ese espacio donde vive un barrio.

Que la biblioteca de Montecarmelo lleve su nombre funciona por dos razones:

  1. Conecta el equipamiento con una tradición literaria sólida, no con una etiqueta genérica.
  2. Le da al barrio una referencia cultural con personalidad, que es exactamente lo que le falta a muchos desarrollos recientes: relato.

Cómo se va a usar (y por qué esto cambia el barrio)

La biblioteca de Montecarmelo no va a ser solo un sitio para sacar libros. Va a ser:

  • El lugar donde estudiar cuando en casa no se puede.
  • El plan tranquilo de tarde para familias.
  • Un refugio climático en días extremos.
  • Un punto de encuentro para clubes de lectura, talleres y actividades.
  • Un termómetro real del barrio: cuando una biblioteca se llena, la ciudad está viva.

Y sí: si estás en ese momento de tu vida de comparar barrios y mirar si te conviene comprar casa en Madrid en una zona u otra, estas dotaciones son oro. No por “prestigio”, sino por calidad de vida diaria.

Fotos de la biblioteca de Montecarmelo

Haz clic en la siguiente imagen para acceder a la galería de fotos de la obra:

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